MULTINIVEL EN ESPAÑA

En el imaginario patrio, el “multinivelero” es por lo general un personaje zafio, cuasi-analfabeto funcional por su estilo al redactar, aficionado a retratarse junto a vehículos deportivos en salones del automóvil de ocasión o en las calles de Puerto Banús, jugando al equivoco de que quizá, y solo quizá, él pueda ser el propietario del Lamborghini de turno. O quizá peor, una especie de telepredicador al estilo de Elmer Gantry, arengando a una masa de desertores del lumpenproletariado, vendiéndoles la falsa esperanza de la libertad y la fortuna sin apenas esfuerzo, gracias a una “oportunidad única”.

 Es cierto que, en sus orígenes, allá  por los años 40, y hasta las últimas décadas del sigo XX, el Marketing en Red se consideraba una actividad complementaria que permitía redondear los ingresos de personas con escasa formación y cualificación profesional, residente fundamentalmente en barrios obreros. Con las limitaciones propias de la era pre-internet, se dedicaban a “freir” a amigos y familiares con sus presentaciones de producto y negocio, generando con frecuencia rechazo y malestar en su entorno, y obteniendo pobres resultados.

 El Marketing en Red, Multinivel, Venta Social o como se prefiera llamar en el siglo XXI es un asunto bien diferente.

Por un lado, la revolución de las telecomunicaciones y la explosión de las redes sociales han multiplicado exponencialmente las posibilidades de crear una red de consumidores-distribuidores realmente interesados en el negocio, siendo factible crear una red internacional de, literalmente, miles de personas desde la comodidad del hogar.

 Por otra parte, con la vuelta del milenio hemos experimentado una brutal transformación de las relaciones laborales y el orden social que muchos aún insisten en llamar crisis, como si se tratara de un fenómeno que se va a revertir. Se insiste en llamar “precariedad” laboral y salarial a un nuevo orden de cosas cuya evolución solamente tendrá lugar en una dirección. El empleo indefinido ya no tiene sentido. No es necesario. No es útil. No es rentable. Se encuentra en vías de extinción.

 Por lo que respecta al trabajo no cualificado, el operario que en la década enloquecida que precedió a la quiebra del Sistema se quejaba de su carácter de “mileurista”, ahora se ve abocado a competir con robots o con operarios de países emergentes, cuando no del tercer mundo, que se desviven por un puñado de dólares al mes. Hasta el obrero chino, hasta hace poco “el coco” del acomodado obrero patrio, está viendo como sus empleos vuelan hacia el África subsahariana o destinos tan deseables como Bangladesh.

 El profesional cualificado no correrá mejor suerte. En La India ya no solo se encuentran algunos de los mejores ingenieros informáticos del planeta. Ya es posible encontrar despachos jurídicos especializados en derecho mercantil de la Commonwealth que hacen sombra a importantes bufetes de Londres, por una fracción de los honorarios de la City. El nuevo modelo de hacer negocios y un entorno siempre cambiante han hecho obsoleta la idea de un pool de profesionales de plantilla sobrepagados y acostumbrados a unos beneficios sociales que, simplemente, ya no es necesario pagar. Quitando un reducido número de profesionales muy cercanos al consejo de administración, los trabajos cualificados acabarán cayendo en su mayor parte del lado del modelo mercenario. Si las grandes potencias han externalizado el negocio de la guerra y lo han dejado en manos de soldados de fortuna, ¿qué no harán las multinacionales con sus “recursos humanos”?

 En este contexto, son muchos los profesionales de alta cualificación que están descubriendo la oportunidad de cambio de vida que ofrecen las modernas multinacionales de MLM. Hablamos de personas acostumbradas a evaluar opciones y tomar decisiones educadas y con criterio, que no caen en absurdas trama piramidales que solamente pueden atraer a necios e incautos. El MLM se ha convertido en una “industria” que mueve anualmente 178.000 millones de dólares a nivel mundial. De este volumen de facturación, en torno a un 40% de media se reparte entre los distribuidores independientes, lo que representa unos 200 millones de dólares al día.

 El perfil del profesional que alcanza el éxito con Marketing en Red en el Siglo XXI es bien diferente de ese estereotipo con el que abría este post. Se trata de personas que trabajan desarrollando personas, no vendiendo productos. Que trabajan cuando quieren, cuanto quieren y desde donde quieren. Que lideran equipos de trabajo de alto rendimiento, y generan unos ingresos residuales muy, muy elevados. Por ejemplo en Ariix, multinacional norteamericana que desarrollo en el mundo de habla hispana con orgullo, han creado el “Founder´s Club”, un selecto grupo de los mejores profesionales de su red a nivel mundial. Está compuesto por un grupo de personas (en su mayoría trabajan en pareja) que genera ingresos de miles de dólares semanales. En algunos casos, decenas de miles. Entre sus representantes más significativos se encuentran militares de alta graduación, amas de casa que se parecen mucho más a las protagonistas de Cougar Town o Mujeres Desesperadas que a Omaíta, jóvenes emprendedores y empresarios que ya han superado con creces la edad de jubilación y, simplemente, disfrutan de lo que hacen. Es cierto que se trata de la élite del multinivel a nivel mundial, pero salen de entre los miles de profesionales que han decidido tomar las riendas de su destino, en lugar de esperar a “que la cosa mejore”.

 En España, inevitablemente, vamos siempre una década o dos por detrás de las tendencias más punteras en el mundo, pero todo llega. Actualmente el sector mueve en España más de 700 millones de euros, a través de  unos 170.000 distribuidores independientes, con una edad promedio de 43 años y de las que en torno al 70% son mujeres. Durante los próximos 5-10 años veremos sin duda la eclosión de este modelo de negocio, liderado en buena parte por profesionales que ya conocieron el éxito en sus vocaciones anteriores. Se trata, cuando menos, de una oportunidad a explorar con objetividad, rigor y sin prejuicios. Es EL negocio del Siglo XXI.

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